La inteligencia artificial continúa incorporándose a dispositivos que buscan facilitar la interacción de las personas con su entorno. Un ejemplo son los lentes inteligentes, que integran cámaras, micrófonos y sistemas de audio para captar información visual, procesarla y transmitirla al usuario mediante sonido.
Según las funciones de cada dispositivo, estas herramientas pueden leer textos impresos, reconocer determinados objetos, describir imágenes o responder consultas mediante comandos de voz. Estas prestaciones pueden resultar útiles para las personas con baja visión, al ofrecerles una forma complementaria de acceder a información que les resulta difícil distinguir visualmente.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), al menos 2.200 millones de personas en el mundo presentan discapacidad visual de cerca o de lejos. En al menos 1.000 millones de estos casos, la discapacidad visual podría haberse prevenido o aún no ha sido atendida.
La doctora Rosario Espinoza, especialista en baja visión de Oftálmica Clínica de la Visión, explica que estos dispositivos pueden aportar información adicional sobre el entorno y facilitar algunas tareas cotidianas, como leer indicaciones, identificar determinados elementos o conocer las características generales de una imagen mediante audio.
¿Qué funciones ofrecen los lentes inteligentes?
El funcionamiento de estos dispositivos depende de sus características y de las herramientas de inteligencia artificial que incorporan. Entre las aplicaciones que pueden ofrecer se encuentran:
- Lectura de textos: algunos dispositivos reconocen palabras impresas y las convierten en audio. Esto puede facilitar el acceso a información presente en etiquetas, envases, carteles, menús o documentos.
- Reconocimiento de objetos y del entorno: mediante cámaras y sistemas de procesamiento de imágenes, pueden identificar determinados elementos o describir características generales del espacio.
- Descripción de imágenes: algunas herramientas permiten consultar qué aparece en una fotografía o recibir una descripción de los elementos de una escena.
- Interacción por voz: según las prestaciones del equipo, el usuario puede solicitar información, pedir la lectura de un texto o realizar consultas sin tener que mirar directamente una pantalla.
Estas funciones pueden contribuir a que las personas con baja visión accedan a información visual en determinadas situaciones. Sin embargo, su utilidad depende de las características de cada dispositivo, las condiciones del entorno y las necesidades del usuario.
¿Qué limitaciones tienen estas tecnologías?
La baja visión es una disminución significativa de la función visual que persiste pese al tratamiento médico o quirúrgico, o a la mejor corrección óptica disponible. No implica necesariamente una pérdida total de la vista y puede manifestarse de distintas maneras: dificultad para leer, reconocer rostros, distinguir objetos a distancia, identificar obstáculos o desenvolverse en espacios con poca iluminación.
Por ello, una misma herramienta tecnológica no ofrece necesariamente los mismos beneficios a todas las personas. Además, las funciones de reconocimiento y descripción mediante inteligencia artificial pueden presentar limitaciones, por lo que la información que proporcionan no debe considerarse infalible.
La OMS estima que más de 2.500 millones de personas necesitan una o más tecnologías de asistencia en el mundo, una cifra que podría superar los 3.500 millones hacia 2050. En este contexto, los dispositivos inteligentes representan una alternativa complementaria para facilitar determinadas actividades y favorecer la autonomía.
La doctora Rosario Espinoza señala que estos recursos deben incorporarse de acuerdo con las necesidades de cada paciente. En personas con baja visión, pueden formar parte de un programa de rehabilitación individualizado, pero no reemplazan la evaluación oftalmológica, el tratamiento indicado ni la rehabilitación visual.












